viernes, 29 de mayo de 2009

Seguimos analizando la violencia en los distintos ámbitos sociales, sumate al laboratorio. Este sábado 30-5 debatimos sobre la Violencia en el Fútbol


Entrevista en vivo: “Salvemos al futbol”, Asociación formada por hinchas y ex dirigentes que trabajan por un Fútbol sin Violencia

- ¿Cual es la responsabilidad de los dirigentes? ¿Son los únicos responsables?
- Los medios de comunicación fogoneando batallas en vez de encuentros deportivos.
- El rol represivo de la policía
Lo debatimos con vos:
¿Se puede volver a ir a un estadio a disfrutar de un partido de futbol?
Deja tu comentario o tu pregunta aquí, en el blog o por mail en comdirecta@yahoo.com.ar

Rafael Correa recibe a Coordinadores de la Marcha Mundial por la Paz y la No Violencia

domingo, 24 de mayo de 2009

Entrevista a Lía Mendez, Candidata a Diputada Nacional

Charla con el periodista Javier Germinario sobre violencia en los medios de comunicación

El marketing de la Violencia (Editorial 23-5)


Cuando hablamos de medios de comunicación, hablamos de instrumentos para facilitar la información, la interlocución y el diálogo entre las personas. Hoy a los diarios, radio y televisión deben sumarse sin dudas, la publicidad, la telefonía digital y por supuesto Internet que han revolucionado la época y han ampliado la diversidad del discurso comunicativo.

La violencia es una epidemia social que no se puede resolver en soledad ni contrarrestándola con elementos de supuesta seguridad o defensa personal, ya que la violencia, es un fenómeno existencial de la época que se esparce en las sociedades como una mancha de petróleo que todo lo contamina, es un problema personal y social que nos transforma en partes de una maquinaria compleja que consume y expulsa hacia el mundo actos deshumanizantes.

Dice Silo en su primera Carta a mis amigos, en 1991. “Nunca antes el mundo estuvo tan comunicado, sin embargo los individuos padecen cada día una mayor incomunicación”. Transpolado al campo de los medios, cada vez tenemos más medios para comunicarnos, sin embargo cada día aumentan significativamente las depresiones, las angustias, los miedos, los ataques de pánico y sus consecuencias trágicas entre nosotros. Cada vez hay más acceso a la información de todo lo que sucede con el ser humano en cualquier lugar del planeta, sin embargo paralelamente crece el analfabetismo funcional, el desinterés por el otro, la pérdida de la compasión, el aislamiento, el fraccionamiento de las luchas sociales y el “yo me ocupo de mi vida”, como si ésta estuviera ajena a las vidas de los demás.

En la era de la tecnología digital, la velocidad con que viajan hechos de suma violencia, parece ser un elemento muy importante a considerar que a veces hace perder la comprensión de un fenómeno que se potencia a cada instante.

Existe lo que muchos llamamos “la opinión publicada”, es decir, algunos títulos con breves copetes introductorios fijados por dos o tres grupos de personas que concentran varios medios por los se desparrama dicha opinión.
Todo es cada vez más rápido, más desestructurado, menos conceptual, más titulado. Se nos suele decir desde los medios implícita o explícitamente “esto es lo que usted tiene que saber antes de salir de su casa”.

Existe una suerte de máxima en el medio, que conlleva en su seno una concepción violenta y que dice “lo que no pasa por la TV no existe”. ¿Quien es el que señala lo que hay que decir, como lo dice y a quienes niega existencia social?. También esta máxima puede explicarnos por que la gente es capaz de hacer cualquier cosa (incluso la más humillante o descalificante) con tal de tener su minuto de fama televisiva. ¿No será que se le ha dado una ponderación desproporcionada a un instrumento y esto está generando muchos problemas sociales porque estimula y profundiza la confusión y la pérdida de valores humanos ya existentes?

Tomemos por ejemplo, las dificultades que atraviesa hoy el principio de independencia que se sostiene aún en las escuelas de periodismo pero no así en las cabezas de muchos que lo estudian, o bien aquella reiterada frase que la televisión es un servicio, cuando el acceso a la misma no se facilita para estratos sociales de menores recursos (a menos que sea redituable mostrarlos), o para temas que le puedan interesar a la gente, o bien considerar lo que cuesta enfocarla al servicio de la de la educación y la prevención en salud por ejemplo.

La pregunta que nos surge ¿Cual podría ser el rol de los medios de comunicación en un escenario en el que las personas de buen corazón, aquellos que llevan otra actitud humana más inclusiva y que luchan por cambiar el estado de las cosas sin marginaciones, pudieran manejarse con verdadera libertad de prensa y así torcer el rumbo de los acontecimientos?

Los medios son sólo los instrumentos y su rol siempre estará sujeto a la decisión de las personas, por lo que culpar a la televisión o a los medios de hoy de la pérdida de valores es un error conceptual, ya que la situación es exactamente a la inversa, se llega a la televisión de hoy porque hay valores sociales que han entrado en crisis y la gente se ve reflejada en eso que ve o quiere ser.

Es violencia la falta de comunicación, la degradación, la hipocresía, la obsecuencia, el maltrato, la humillación, la descalificación, la tortura, la falta de espacio a las minorías. Es violencia también, la manipulación, la falta de libertad, la presión, la imposición, la tergiversación intencional y la precariedad laboral, la vulgarización de lo profundo, la calumnia y mucho de lo que vemos en los medios de comunicación convertidos en medios de difusión masiva medidos por un elemental sistema de estadísticas de dudosa calidad como es el rating, con el cual se nos quiere convencer que lo que hay es lo que la gente quiere ver.

jueves, 21 de mayo de 2009

Este sábado 23-5 en Comunicación Directa ¿es negocio la violencia en los medios?




Lo debatimos con vos, es importante tu participación, dejá tu mensaje en este blog mandanos un mail a comdirecta@yahoo.com.ar.

¿Por que un hecho de violencia se repite hasta el hartazgo?
¿Cual es la responsabilidad de los grandes medios?
¿Se puede construir otro tipo de comunicación?
¿Que intereses hay detras de la permanente exposición de la violencia en los medios?

Tu participación enriquece el programa.

viernes, 15 de mayo de 2009

LA VIOLENCIA DOMESTICA, EN AUMENTO



Mujeres y niños son víctimas usuales de la violencia doméstica, tanto en nuestro país como en el mundo, según muestran documentos elaborados por diversos organismos.
Entre marzo y noviembre de 2008, según un informe difundido por la organización Amnistía, 81 mujeres murieron en Argentina, víctimas de violencia de género, y se reportaron 11 víctimas por semana.


También el año pasado, en la ciudad de Buenos Aires ingresaban en la Justicia en promedio unas 15 causas civiles por violencia doméstica por día. Sin embargo, tras la inauguración en octubre de una Oficina de Violencia Doméstica de la Corte Suprema de Justicia, frente a los Tribunales, el número creció hasta los 60 casos diarios.
El fenómeno no es nuevo, pero aumenta año tras año. Mientras en 1995 la Cámara en lo Civil recibió 1009 denuncias por violencia familiar, en 2007 el mismo tribunal registró 3779 denuncias, según las estadísticas oficiales del Poder Judicial. También trascendieron casos de la provincia de Buenos Aires: el año pasado, se recibieron más de 120.000 denuncias por violencia familiar.
Según un sondeo de la Facultad de Psicología de Mar del Plata, juntamente con un instituto de Francia, sufrió abusos el 14,5% de los adolescentes encuestados (el 84%, de sexo femenino; el 16%, de sexo masculino). Entre los victimarios, el padrastro ocupó el primer lugar.
La violencia en general, es una acción ejercida sobre otros para lograr, mediante la coerción, un comportamiento contrario a su voluntad, por lo tanto, a su autonomía, porque estamos frente a la negación de su ser como sujeto libre.
Familia y sociedad, en su concepción tradicional perpetúan la cultura de la violencia contra la mujer ya que ella queda atrapada en un tejido de situaciones de tipología patriarcal que niega derechos.
Considerar a las mujeres víctimas y no sujetos inmersos en relaciones subjetivas desequilibrantes y peligrosas, es pensar la violencia hacia las mujeres como un hecho insignificante.
La violencia contra las mujeres es sin duda una construcción sociocultural impulsada por exclusiones, cuya propuesta es: hay personas "más" merecedoras de derechos que otras.
Para la construcción de esta nueva subjetividad es fundamental otra concepción de hacer y pensar la política y la recuperación de muchos más espacios de expansión democrática, que amplíen en las mujeres su conciencia de sujetos y actoras sociales.
Las mujeres maltratadas sufren una exposición sistemática al miedo que provoca la agresión física en su espacio íntimo.
Esto genera cuadros depresivos que producen una situación en donde la mujer, cada vez más aislada, deja de tener noción de la realidad. La ruptura del espacio de seguridad en su intimidad, consecuencia de la conversión de su pareja de vínculo de seguridad y confianza a fuente de peligro causa desorientación, así nace la incertidumbre de cuándo y porqué se producirá la siguiente paliza.
La víctima va perdiendo cada vez más poder de decisión y cede, cada vez más, a la presión de un estado de sumisión y entrega que le garantiza unas mínimas probabilidades de no equivocarse en su comportamiento.
El agresor mostrará arrepentimiento que desorienta a la mujer. El riesgo de ser agredida nuevamente hace que se adapte a la situación, vinculándose aún más con su pareja violenta. Separando las experiencias negativas de las positivas y sólo enfocándose en lo bueno, creyendo el arrepentimiento de su agresor lo que la lleva a modificar su identidad.
Luego las percepciones que reciba la mujer pasarán por el filtro del nuevo modelo mental que ha asumido para explicar su situación, complicándose en gran medida las probabilidades de extraer a esa víctima del entorno de violencia. En mujeres con relaciones personales muy limitadas al espacio doméstico, cuyas oportunidades de intercambio en otros ámbitos estén restringidas, la percepción de su espacio vital puede ser bastante similar a la de un cautivo.
Las víctimas se auto culpabilizan, guardan silencio sobre el maltrato, justifican cualquier golpe y creen en los motivos que su agresor expresa, apelando al vínculo afectivo que les queda.