viernes, 17 de abril de 2009

Editorial 18-4-2009 LOS SIN TECHO


Publica la revista América 21, en su última edición que en dos años, la población de la ciudad de Buenos Aires que vive en la calle pasó de dos mil a 20 mil personas, según informes de la Defensoría del Pueblo.

“En octubre de 2008 el gobierno de Mauricio Macri creó la Unidad de Control del Espacio Público (UCEP). Es un organismo que ha sido denunciado en la Defensoría del Pueblo, en la Legislatura de la ciudad y en diversos medios de comunicación nacionales por haber desalojado por la fuerza a cientos de personas en situación de calle. Lejos de ser una política aislada, la utilización del espacio público para generar negocios privados es una constante en la escena porteña pero también en la nacional donde la vivienda no es entendida como un derecho humano inalienable sino como una mercancía.
Cuando cae la noche, las galerías de los cines, las veredas debajo de las autopistas, las plazas y los parques sirven de refugio para la gente que se ha quedado sin vivienda. Los diferentes gobiernos de la Ciudad de Buenos Aires han demostrado, desde hace décadas, desidia e irresponsabilidad en las políticas habitacionales. Pero con la administración de Mauricio Macri, la indolencia se convirtió en mano dura”.


En nuestra ciudad parece querer seguirse el mismo camino:
El desalojo decretado por el Juez Juan Tapia, en el predio "15 de Enero" del Barrio El Martillo, a los vecinos del Barrio Pueyrredón fue realizado sin cumplir los requisitos fijados en el decreto. Al estado solo le interesa recuperar un predio, sin darle solución al problema habitacional de los que hoy están ocupando esas casas. Primero el terreno, después vemos que hacemos con las familias, es el mensaje.
No podemos permitir que vecinos de nuestra ciudad que quieren vivir dignamente sean expulsados de las casas que ocupan, sin que se les de una solución concreta a su necesidad.
El intendente corre presurosos a hablar con el gobernador o con el Ministro de Interior, cuando un crimen es cometido por un menor, pero ni aparece cuando cientos de menores son empujados a la calle.
Nos preguntamos: Porque si desde las distintas instancias del poder se declama integración social e iguales oportunidades para todos los habitantes, ahora que los y las sin techo tienen un techo y un proyecto para sus hijos e hijas, ahora que esos hijos van a la escuela el poder,el estado, a traves de "la justicia" los margina y los aisla, sin importarles su destino.
Desde Comunicación Directa, suscribimos lo que dicen las organizaciones que apoyan a los sin techo: La solución no es el desalojo. La solución es que el estado garantice viviendas dignas para todas las familias marplatenses que sufren la crisis habitacional. El derecho a una vivienda digna es un Derecho Humano.

viernes, 10 de abril de 2009

DATOS SOBRE LA GUERRA (EDITORIAL 11-04-2009)


En la actualidad existen más de 40 conflictos armados en el mundo.

A finales del siglo XX el escenario de las guerras ha sido el Sur, así, desde 1945 ha habido 120 conflictos con 20 millones de personas asesinadas, más que en la 2ª guerra mundial.

La segunda industria más importante después del petróleo es el armamentismo.

Desde hace un año hasta hoy, 16 países africanos, con unos 150 millones de personas, se han convertido en escenario de guerras.

En los últimos 10 años la guerra ha provocado en los niños 2 millones de muertos, 6 millones gravemente heridos o permanentemente discapacitados, 1 millón de huérfanos o separados de sus familias, y 15 millones de refugiados y desplazados.

Doce millones de niños en campos de refugiados, trescientos mil enrolados en las guerras,... Niños que aprenden que la violencia es la primordial forma que adoptan las relaciones humanas.

Medio millón de niños son utilizados como soldados en 87 países de todo el mundo.

Soldados de la ONU. acusados de “alquilar” niñas en África:

Múltiples soldados de la misión humanitaria emplazada entre Eritrea y Etiopía celebraban auténticas orgías en los Hoteles de Asmara y Massaua con niñas de entre 14 y 15 años y, en algunos casos, menores de 12 años, conseguidas por pocos dólares sacadas de los barrios más pobres de estas ciudades.

Existen en el mundo 300 000 niños soldados a los que se les entrena para matar. Mientras, España vende armas a 23 países que violan los derechos humanos. Más de 2 millones de niños han muerto en guerras en los últimos 10 años.

EEUU, Rusia, Alemania, Francia, Reino Unido y China, son los principales vendedores de armas del mundo.

Mas de 80 estados tienen legalizada la pena de muerte.

153 países practican la tortura.

Más de 2 millones de niños han muerto en las guerras en los últimos 10 años


INFORMACION EXTRAIDA DE www.portalplanetasedna.com.ar

viernes, 3 de abril de 2009

4 de abril - 2 años del asesinato de Carlos Fuentealba


El 4 de abril del 2007 se ejecutaba a otro luchador social en la Argentina. En el marco de una provincia, Neuquén, que hacía gala del orden y lo correcto y cuyo gobernador se impulsaba hacia el sillón presidencial diciéndole a todo el país que estaba 100% preparado. Había elaborado una estrategia electoral de la mano de personajes que iban desde el menemísimo Jorge Asís hasta Mauricio Macri.

Un conflicto educacional que se agudizaba y se proyectaba en las rutas ponía en evidencia la trampa comunicacional que conllevaba ese proyecto político que ya había recibido cientos de denuncias por todos los rincones de la provincia en los cuales se detenía a periodistas que no coincidían con el gobierno y familias mapuches que no se retiraban “voluntariamente” de sus propias tierras permitiendo los nuevos alambrados, los nuevos atropellos. Sobisch 100% preparado, no quería dejar pasar la oportunidad para tomar una medida ejemplificadota que le sirviera de escarmiento a todos aquellos que atrevieran a cortar una calle, una ruta o bien a generar un reclamo en ejercicio del pleno derecho constitucional… Sobisch 100% preparado para matar.

Carlos Fuentealba no es sólo un docente que nos enseñó, a pesar de su propia vida, que la injusticia se volvía a enseñorear por entre nosotros como hace 33 años atrás, como en el ’55 o en la Patagonia trágica de principio del siglo pasado, o como en tantas rutas y montes del país cada vez que se ejecuta un nuevo saqueo a la integridad colectiva.

En estos días se cumple un nuevo aniversario de aquel fatídico 4 de abril en el que Carlos Fuentealba fue asesinado, no sólo por las balas de un policía asesino, sino por el poder político y policial de una provincia que le decía al resto del país que había que ordenar las cuentas, eliminar la corrupción y sacar más policía a la calle para frenar la delincuencia. Extraña forma de entender estos conceptos y asesina forma de llevarlos adelante…

Sobisch, sus entonces ministros, sus jefes policiales y tantos otros cómplices hoy siguen libres y con todos los derechos constitucionales que le quitaron de un balazo a un maestro argentino.
Hasta hoy lograron su cometido de hacer pasar dicho asesinato como el exceso de una persona de la fuerza que no supo cumplir con su deber.
De nosotros, el conjunto de la sociedad, depende lo que suceda con el futuro de todos estos responsables de un nuevo atropello al derecho humano más elemental de una nación, el derecho a la vida.

No se han salido con la suya en su intención de matar a un maestro por han multiplicado a Carlos por todos los rincones del país.

Del periodista Nestor Elias, de FM la Tribu, Troyanos del Sistema

sábado, 28 de marzo de 2009

Editorial 28-3 - RECHAZO POR LA VIOLENCIA

Existe una actitud de rechazo generalizado por la violencia.

Sin embargo, nos preguntamos, dónde está esa sociedad hastiada de violencia, cuando en cada semáforo ve un desfile de niños y adolescentes pidiendo limosna, sabiendo que están a merced de cualquier ofrecimiento que se les haga a cambio de una moneda.

Y en qué lugar de su justificada moral pone la imagen de tanto niño que ve a diario, revolviendo basura, comiendo basura, juntando cartones, explotados y abusados desde todo punto de vista.

Dónde está la sensibilidad de esa sociedad que no la mueve a la más mínima reacción por la promoción de políticas que cambien la situación para esos niños.

Cómo no se advierte que justamente ahí se está generando un caldo de cultivo para desatar un proceso de violencia de consecuencias impredecibles, para ellos y para el resto de la sociedad.

Y si se advierte, cómo es que no se organiza la sociedad para exigir un drástico cambio de condiciones como imperativo para acabar con la violencia.

Las campañas y acciones contra la violencia hacia el medio ambiente y los animales han ganado más adeptos que una acción combinada para desterrar la violencia sobre el ser humano.

De hecho no hay marchas masivas en la que se involucra toda la sociedad indiscriminadamente, para exigir que se efectivicen los derechos de la niñez, o de repudio a la explotación infantil - tan a la vista de todos-, o por igualdad de oportunidades para los jóvenes o contra el negocio de la droga.

Mientras tanto, los ciudadanos sensibles exhiben orgullosamente la organización de cadenas humanas por la defensa de los “derechos de las ballenas”

Seguramente si la sociedad en su conjunto advirtiera esa multiplicidad de formas de violencia que se van entramando afectando amplias capas de la población y bregara de modo contundente y decidido por su desarticulación, estaría operando no ya sobre las consecuencias sino sobre las causas de la violencia evitando así males irremediables.

Si queremos operar sobre los factores que generan violencia tenemos que advertir que cuando se produce un hecho de violencia física ya es tarde, ya se desató ese proceso que se genera al interior de las personas, generado seguramente desde afuera, y que deja al verdadero responsable impune.

El paso previo es el reconocimiento de ese germen que también podemos reconocer en cada uno de nosotros, y podemos desarticular evitando una situación de consecuencias no queridas.

Necesitamos detenernos un momento, observar las injusticias sociales y considerar que semejante violencia necesariamente tendrá derivaciones catastróficas: desbordes sociales, reclamos masivos, con un alto componente de violencia (impotencia) y seguramente correspondida con una represión brutal.

Tenemos derecho a vivir sin violencia, sin padecer y sin que otros la padezcan para lograr el ideal de paz.

Extraído del Manual de Formación del Movimiento Humanista

martes, 24 de marzo de 2009

PARTE DEL EQUIPO

De izq. a der. Patricia, Maia, Maria Silvia, Maribel, Fernando, Carlos y Osvaldo
SABADOS DE 15 A 16 HS. ESCUCHALO EN INTERNET EN www.delaazotea.blogspot.com



domingo, 22 de marzo de 2009

EDITORIAL PROGRAMA 21-3-2009

¨¿DE QUE HABLAMOS CUANDO HABLAMOS DE INSEGURIDAD?

La inseguridad es un término asociado en los últimos años a la proliferación del delito urbano, de la violencia ejercida por sectores marginados socialmente, ignorados por las mayorías y que en muchos casos tienen finales trágicos, como la muerte de personas apenas incluidas en la sociedad, como vecinos propios, comerciantes, personal de las fuerzas policiales, y ciudadanos en general. Estos hechos tienen la característica de ser cometidos con absoluta saña e inusitada ferocidad.
Los grandes medios de comunicación se han esmerado en hacer notar que este flagelo existe y la exacerbación y repetición constante de los casos producen en la población la angustia de que todos somos blanco de la delincuencia y que de un momento a otro nuestros proyectos o sueños pueden truncarse por la decisión de alguien que tal vez nunca supo de proyectos o de sueños.
Por lo tanto cuando hablamos de inseguridad, hablamos de los casos que ocurren cotidianamente y que reflejan los medios y por sobre todo también hablamos del temor que nos paraliza, y que por lo tanto nos produce sufrimiento, y que por lo tanto nos pone violentos. Por eso no es extraño escuchar a alguien al que uno considera un tipo piola, un tipo abierto, en fin un buen tipo, pronunciar frases del estilo “si lo tengo enfrente mío lo bajo”, o “estos pibes no tienen solución”. Algunos nostálgicos recetan soluciones mágicas como paredones, fusilamientos o reniegan de la vigencia de los derechos humanos que nos caben a todos. Sucede que ante la noticia de un crimen aberrante, solemos imaginarnos por un segundo a nosotros mismos como victimas y nos invade el temor, por unos días reforzamos nuestros controles familiares, nos aseguramos de cerrar con llave o de no andar en ciertos horarios por la calle si no es necesario. En síntesis: nos asustamos, tememos y nos violentamos.
Bertold Brech decía: “No hay nada mas peligroso que un burgués asustado”
No sorprende que algunos comunicadores bienpensantes que creían que a ellos nunca les tocaba, hoy batan el parche de la pena de muerte y convoquen a manifestaciones para que el Estado no se preocupe tanto por los derechos humanos de unos y atienda mas a los derechos humanos de otros (o sea de ellos). Todo acto movilizado por el temor producirá a la larga violencia.
Por otro lado no hay que dejar de rescatar la dignidad de aquellos que aun siendo víctimas del delito, rechazan las soluciones mas violentas, es decir la pena de muerte, o el ejército en las calles.
Según un informe publicado esta semana en nuestro país hay 180.000 jóvenes menores de 18 años adictos al paco, nombre popular por el que se conoce a la pasta base de cocaína. Se calcula que dos tercios de estos jóvenes terminan delinquiendo. El estado ausente una vez mas no tiene solución para un negocio que crece en las villas y ahora también en centros urbanos, lugares donde habitan los posibles consumidores.
Crece el negocio del paco y aumenta simultáneamente la demanda de seguridad, mas drogas y mas armas para supuestamente combatirlas. El temor de los ciudadanos es funcional al negocio. Decíamos unos párrafos arriba Todo acto movilizado por el temor terminará produciendo mas violencia.
Como saldremos de este laberinto? Seremos capaces de soltar nuestros temores y mirar más allá de nuestro propio ombligo. Entenderemos que mientras haya injusticia, discriminación, marginación, falta de sanidad, y millones de ciudadanos con los mismos derechos humanos que los otros que tienen acceso a una vida digna, no podremos desenmarañar esta creciente ola de violencia llamada eufemísticamente inseguridad?

Las soluciones tal vez comiencen por soltar nuestros temores y pensar en una sociedad más justa y equitativa. Una sociedad que incluya a todos y que le de el acceso a los derechos humanos esenciales a todos. Hablamos de Salud, hablamos de Educación, de Vivienda, de agua potable, de transporte digno. Si el estado no esta presente, deberemos hacerlo los ciudadanos, reconstruyendo el tejido social y desactivando cada foco de sufrimiento que a la larga terminara en violencia, primero personal y luego social.